Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Tal vez cabrÃa llevarles a las montañas y acampar allà una temporada —dijo él, después—. Sé de un lugar salvaje entre los riscos. La ascensión es difÃcil, pero vale la pena. Es el lugar más bello que conozco. Hay agua abundante y reina allà una exquisita temperatura. Además, pronto hará aquà demasiado calor para ir de excursión.
—Sea usted franco, Stewart; lo que quiere es ocultarme entre riscos y nubes —replicó riendo Magdalena.
—SerÃa algo asÃ. No creo indispensable que sus amigos lo sepan. Posiblemente, dentro de algunas semanas se calmará esta efervescencia de la divisoria.
—¿Dice usted que la ascensión es penosa?
—SÃ. Caso de que se decidan, sus amistades sabrán lo que es escalar montañas.
—Conforme. Elena especialmente suspira porque pase algo, y todos ellos andan locos en busca de aventuras.
—Tendrán lo que desean. Malos senderos, cañones que atravesar, ascensiones penosas, vendavales, turbonadas, rayos y truenos, pumas y gatos salvajes.
—Sea, pues. Estoy resuelta. ¿Supongo, Stewart, que se pondrá usted al frente de la expedición? Yo no creo que…