Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Inmediatamente después, Magdalena fue a su aposento. Estaba reuniendo su equipo y ajuar campestre, cuando vino a interrumpirle una llamada a su puerta. Pensó que no fuese Florencia deseosa de ayudarla, mas advirtió que la llamada había sido en la puerta que daba al porche.
—¿Quién es? —preguntó.
—Stewart —fue la respuesta.
Abrió la puerta, apareciendo el cowboy bajo el umbral. Detrás de Stewart, indistintos en la oscuridad, estaban varios cowboys.
—¿Puedo hablar con usted un momento? —preguntó.
—Ciertamente. —Vaciló un instante, invitóle a entrar y cerró la puerta—. ¿Va… va todo como usted quería?
—No. Esos bandidos se mantienen demasiado a cubierto. Deben haberse dado cuenta de que estamos alerta. Quería decirle que he hablado con sus criados. No ha sido más que un poco de miedo. Mañana, en cuanto Bill se deshaga de esa cuadrilla, volverán; no se preocupe usted ni de ellos ni de sus bienes.
—¿Tiene usted idea de quién se halla oculto en la casa?