Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Oleadas de recuerdos envolvieron una y otra vez a Magdalena, hasta perder finalmente su pujanza y desvanecerse. Toda sensación de disgusto la abandonó, pareciéndole que se sumÃa en un abismo sin fondo. ¡Qué oscuro estaba el aposento!… ¡Tan densas eran sus tinieblas cuando abrÃa los ojos como cuando los cerraba! Y el silencio… pesaba como un manto, era algo asà como la ausencia absoluta de sonido. Hallábase sola en un mundo por completo distinto del que conocÃa. Pensó en la rubia Florencia y en Alfredo, y pensando en ellos se quedó dormida.
Cuando abrió los ojos, entraba el sol a raudales en la pieza. Un vientecillo fresco le hizo hundir los brazos bajo las mantas. Perezosamente y medio dormida contemplaba las paredes de adobe del aposento, cuando recordó dónde hallaba y cómo habÃa llegado hasta allÃ.
La indecible repulsión que experimentó al recordarlo, dióle la exacta medida de la intensidad del choque recibido. Cerró los ojos intentando borrar de su mente los recuerdos. SentÃase contaminada.