Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste La joven recogió la brida y Majesty echó a andar. Los únicos ruidos eran el crujido de la grava, algún metálico chasquido acompañado de chispas al chocar un casco contra los guijos del camino, el resoplido de los inquietos corceles y después el rítmico clip-clop de las herraduras en terreno duro. No obstante ser muy corta la distancia que les separaba, Magdalena apenas podía vislumbrar a Stewart y a su montura recortados en gris ante ella… A veces alguno de los enormes perrazos daba un brinco hasta ella, hipando alegremente. En la atmósfera parecía extenderse una tupida faja de negrura que se iba esclareciendo por su parte superior hasta convertirse en una niebla gris, a través de la que brillaban algunas pálidas estrellas. Bien considerado, era una insólita forma de abandonar el rancho. Magdalena, siempre atenta aun a los incidentes vulgares, sintióse reaccionar con extrema viveza ante las impresiones externas… el lento paso de los caballos, el aire fresco y húmedo y la adusta silueta de Stewart ante ella. La obligada cautela, el forzoso silencio… acababan de prestar al caso cuanto precisaba para que fuese excitante.