Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¡Oh! ¿Verdad que es magnÃfico? —exclamó—. Aunque preferirÃa que no lloviese. Nos mojaremos todos.
Stewart se puso nuevamente al frente de la expedición, continuando el ascenso, siguiendo la gradual elevación, que tendÃa hacia el Sur, a las agujas rojizas. Pronto estuvieron en terreno llano, y Magdalena, algunos metros detrás de Gene, miró con preocupado interés a sus amigos. Empezaban la verdadera ascensión, el verdadero trabajo, y una tormenta inminente iba a abatirse sobre ellos.
La escarpa que Stewart habÃa emprendido constituÃa un soberbio monumento a los mutilados riscos superiores. Era un declive expuesto al Sur y por consiguiente semiárido, cubierto de yucas y de ciertos arbustos que Magdalena supuso eran manzanillos.
El holladero parecÃa desmoronarse bajo las patas de Majesty. Los trechos de terreno sólido eran infranqueables debido a la masa de espinosos arbustos o a las acumulaciones de roca desmenuzada. La vertiente estaba surcada de incontables galachos[23].