Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste El cielo estaba ensombreciéndose; las nubes parecieron agitarse súbitamente, amontonándose, formando grupos compactos y ocultando a la vista los riscales. El aire se movía pesadamente y parecía impregnado de un vaho sulfuroso, y las exhalaciones eléctricas comenzaron a centellear. Al cesar el ruido de los truenos oíase el lejano de los vientos.
Al amparo de un saliente, Stewart aguardó a Magdalena. Los cowboys habíanse detenido también con los hateros. Majesty parecía muy afectado por los relámpagos. Magdalena tenía que acariciarle continuamente el cuello, hablándole a media voz. Los cansinos burros humillaban las cabezotas; las mujeres mejicanas se cubrían con sus mantos. Stewart desató el impermeable del arzón de la silla de Magdalena y ayudó a la joven a ponérselo. Luego se puso el suyo. Los demás cowboys le imitaron. Poco después Magdalena vio a Dorotea y a Monty doblar la esquina del acantilado. ¡Con tal de que el resto de la partida no se rezagase…!