Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Monty Price, una vez hubo conseguido dominar su cortedad, fue causa constante de regocijo para Magdalena, y, a decir verdad, para todos. Inopinadamente, Monty había descubierto que tenía éxito entre las damas, y la revelación le exaltó a épicas alturas o hizo semblante de que era así. Dorotea había sido su perdición, aunque en justicia Magdalena la creía inocente. La muchacha hallaba a Monty horripilante, y, de consiguiente, aunque hubiese sido cien veces heroico salvando la vida de cien inocentes angelitos, no la habría interesado. Monty la seguía por doquier; haciéndole el efecto, según dijo Magdalena, ora de un perrillo faldero, ora de un monstruoso y fiero gorila.
Nels y Nick pisaban los talones a Elena, montando su guardia, tiesos como granaderos, y si por desgracia dejaba caer un guante faltaba poco para que vinieran a las manos por recogerlo.