Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Edita, me alegro en el alma de oÃrte hablar asà —replicó calurosamente Magdalena.
—Me gusta el paÃs, y me gustan sus hombres —prosiguió Edita—. Una de las razones de que quiera marchar pronto es porque ya estoy ahora bastante a disgusto en mi casa, aun sin haberme apasionado por el Oeste. Pero acabarÃa apasionándome, y no podrÃa vivir fuera de aquÃ. Esto me lleva a lo que pensaba decir. Admitiendo la belleza, el encanto, la salubridad y las ventajas de este maravilloso paÃs, no es éste, sin embargo, un lugar para ti, Magdalena Hammond. Considera tu posición, tu fortuna, tu apellido, tu familia. Tendrás que casarte. Vendrán hijos. No puedes renunciar a todo eso por una quijotesca vida en el desierto.
—Edita, estoy cierta de que aquà pasaré el resto de mi vida.
—¡Oh, Majestad! ¡Me encocora predicar en esta forma, pero… prometà a tu madre tener una conversación contigo…! Y la verdad es que odio…, aborrezco cuanto te estoy diciendo. Envidio tu valor y sensatez. Sé que te has negado a casarte con Boyd Harvey. Lo he leÃdo en su rostro. Creo que harás lo mismo con Castleton… ¿Con quién te casarás? ¿Qué oportunidad puede haber aquà para una persona como tú? ¿Qué harás?
—¡Quién sabe! —replicó Magdalena, con una sonrisa algo impregnada de tristeza.