Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste »Señoras y caballeros, en aquel recinto se desarrolló un verdadero duelo. Casi siempre me hallaba en sitio distinto al que dirigían su fuego. Con admirable paciencia fui esperando hasta que alguno de aquellos condenados se pusiese nervioso y avanzase en mi busca. Al clarear el día, allí estaban los cinco, tiesos en el suelo, como cinco espumaderas. Hallé a la muchacha. ¿Guapa? ¡Bellísima! Juntos bajamos al río y ella me lavó las heridas. Durante la noche había aumentado la colección en una media docena más, y el espectáculo de sus ojos arrasados de lágrimas, sus manecitas tintas con mi sangre, provocó una trémula congoja en mi corazón. Observé que a ella le ocurría lo mismo… ¿para qué decir más?