Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —He afrontado la acometida de tigres y elefantes en la India, de rinocerontes y leones en África —empezó Castleton con rápida y fluida palabra, muy distinta de su habitual rezongó—; pero tan sólo una vez he sentido miedo. Si se es pusilánime no recomiendo la caza de esos animales. La aventura a que me refiero acaeció en Uganda, en el África Occidental Inglesa. Íbamos en safari y nos hallábamos en un distrito indígena infestado de leones antropófagos. No estará de más advertir que el antropófago es un animal muy distinto del león ordinario. Son siempre fieras ya maduras, por lo general viejas. Se hacen antropófagos por necesidad o por accidente. Cuando envejecen, las dificultades con que tropiezan para alimentarse son enormes. Acosados por el hambre, acechan el paso de algún indígena, y, una vez han probado la sangre humana, ya no quieren de otra. Se vuelven temerarios y terribles en sus acometidas.