Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Es Gene. Estaba rondando por ahà y ha llamado para prevenirnos que se acerca el hermano de la señorita Hammond.
Florencia se encaminó apresuradamente al gabinete, seguida de Magdalena. La puerta seguÃa abierta, mostrando a Stewart sentado en los peldaños del porche. De la carretera llegaba el ruido de cascos. Magdalena miró por encima del hombro de Florencia y vio avanzar una nube de polvo entre la que se distinguÃan las confusas siluetas de jinetes y caballos. Le invadió una ardiente sensación de contento, y recordó el amor que de niña sintiera por su hermano. ¿Cómo iba a acercársele después de tantos años?
—Gene, ¿ha guardado silencio Jack? —preguntó Florencia; y de nuevo Magdalena notó un vivo temblor en la voz de la muchacha.
—No —replicó Stewart.
—¡Gene! ¡No darás lugar a que eso acabe en una reyerta! A Al se le puede convencer, pero Jack te odia y vendrá con sus amigos.
—No habrá ninguna reyerta.
—Ten entendimiento —añadió Florencia; y luego se volvió para empujar suavemente a Magdalena hacia el gabinete.