Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Si de repente le tapo los ojos con mis manos, no se enfade, señorita Hammond —decĂa—. Algo gordo se está preparando ahĂ abajo. Nunca he visto tan templado a Gene, y en Ă©l es peligrosa señal. ¡FĂjese! ¡FĂjese quĂ© acordes van los muchachos! ¡Oh! Se muestran cachazudos como si fuera en ellos muy natural, pero yo sĂ© que no lo es. Y ese zorro mejicano tambiĂ©n lo sabe. Sus hombres tal vez no. Y si ellos se dan cuenta no tienen vista bastante para adivinar lo que significa. Pero ese don… está preocupado, y no es a Stewart a quien más vigila. Es a Nels y a Monty. ¡Bien puede hacerlo! ¡Vea! Nick y Frank se han asentado en aquel tronco con Booly. Nadie dirĂa que van armados, pero fĂjese cĂłmo les cuelgan los chalecos. Una arma a cada lado. ¡Esos muchachos pueden sacar el revĂłlver y parapetarse tras ese tronco más de prisa que el pensamiento! ÂżAdvierte usted cĂłmo Nels y Monty y Gene se han situado entre los guerrilleros y el sendero que aquĂ conduce? Parece una casualidad, pero… no lo es. Mire a Nels y a Monty quĂ© tranquilamente charlan sin hacer el menor caso de los rebeldes. Mas ya he visto cĂłmo Nels y Monty miraban a Gene. Ahora… Gene es quien ha de dar el primer paso. Los otros le secundarán. Si Nels y Monty estuviesen solos, hace ya rato que habrĂa mejicanos patas arriba en ese campamento, señorita Hammond. Ahora, acatan a Gene.