Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Gene. Demasiado sé que si fuerais iguales le matarÃas —replicó Stillwell, aplacándole—. Pero… ¡si ni siquiera llevas un arma! ¡Y Pat está de malas y se le va la mano hacia la suya! He visto que no tienes revólver. Aprovechará la ocasión, y luego con decir que te resististe a su autoridad… Cálmate, que todo tiene arreglo.
Un terrible sonido traspasó a Magdalena. Desvió su mirada del ansioso grupo que rodeaba a Stewart para ver a Monty Price que habÃa saltado del porche. Estaba agazapado e iba con las manos a la altura de las caderas donde colgaban sus dos revólveres. Sus contraÃdos labios emitÃan un sonido que era una mezcla de aullido, rugido y grito bélica indio, y sobre todo, una indescriptible amenaza. ParecÃa un corcovado a punto de dar un diabólico brinco. La pasión le hacÃa vibrar. Sus ojos negros y ardientes se clavaban con penetrante intensidad en Hawe y en Sneed.
—¡Atrás, Bill, atrás! —aulló—. ¡Hazlos retroceder a todos!