Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste De un empujón Bill metió a Stewart, Nick y los demás cowboys en el porche. Luego, arrimó a la pared a Magdalena y Alfredo y Florencia, obligándoles a permanecer lo más lejos posible. Sus ademanes eran rápidos y violentos. Al ver que no conseguÃa hacer que entrasen en la vivienda, plantó su ancha persona entre las mujeres y el peligro. Magdalena se aferró a su brazo, mirando por encima de su hombro.
—¡Tú, Hawe! ¡Tú, Sneed! —gritó Monty, con la misma voz—. ¡No mováis ni un dedo, ni una pestaña!
Las facultades mentales de Magdalena, afinadas por la emoción, adivinaron el nexo entre el terrible grito de Monty y la extraña postura que asumÃa. Igualmente, el silencio y las acciones de Stillwell predecÃan una catástrofe.
—¡Nels! ¡Mete baza en esto! —gritó Monty, sin desviar por un instante la mirada de Hawe y su acólito—. Nels, ¡desaloja a esos sujetos! ¡Pronto!
Los aludidos, dos delegados-sheriffs que habÃan quedado en segundo término con los hateros, no esperaron a Nels para espolear a sus caballos y salir al galope.
—Ahora, Nels, desata a la chica —ordenó Monty.