Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Nels se abalanzó, arrancando el ronzal de manos de Sneed y llevándose el caballo de Bonita junto al porche. Al cortar la cuerda que la sujetaba a la silla, cayó en sus brazos.
—¡Hawe! ¡Pie a tierra! —prosiguió Monty—. ¡De cara y firme!
El sheriff pasó la pierna por la perilla de la silla, y, sin mover las manos, lÃvido y desencajado, se deslizó al suelo.
—Ponte al lado de tu compañera de guerrilla. ¡AsÃ! ¡Hacéis una preciosa pareja! ¡Una preciosa pareja de coyotes, mezcla de mula salvaje y de chacal! ¡Ahora, escuchad!
Hizo una pausa, durante la que su respiración fue claramente perceptible.