Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¿Se estropearon tus asuntos? Cuéntame.
—Majestad, mis contrariedades no deben preocuparte.
Quiero que tu estancia aquà te sea grata y que no te inquietes por mis asuntos.
—Cuéntamelos. Sospeche que algo te ocurrÃa. En parte es eso lo que me decidió a venir.
—Bien está, si te empeñas en saberlo —comenzó; y Magdalena pareció advertir en su acento cierta satisfacción al poder desahogarse—. ¿Recuerdas mi modesto rancho en el que, durante algún tiempo, tuve bastante suerte con la crÃa de ganado? De todo eso te escribà detalles. Pero, Majestad, un hombre puede crearse enemigos en todas partes, y si procede del Este, los que se crea tal vez no sean muchos, pero sà muy enconados. El caso es que yo me cree algunos. Entre ellos el de un ganadero. Ward de nombre…, que ahora se ha marchado… y con el cual tuve rozamientos por causa de unas reses. De todo ello salà muy malparado. Pat Hawe, el sheriff de aquÃ, contribuyó no poco a perjudicar mis intereses. No cuenta gran cosa como ranchero, pero tiene mucha influencia en Santa Fe, El Paso y Douglas. Me atraje su enemistad, sin haberle hecho jamás la menor cosa. Odia a Gene Stewart, y en cierta ocasión le desbarate una pequeña estratagema que habÃa urdido para echarle el guante. La verdadera causa de su animadversión es que está enamorado de Florencia y Florencia va a casarse conmigo.