Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¡Bill! ¡Viejo camarada…, chócala! ¡Venga esa mano! —dijo—. Siempre fuiste mi amigo. Tuviste fe y confianza en mÃ. Danny Mains os debe a ti y a Gene Stewart no poco, y Danny Mains quiere pagar su deuda. Mi mina de oro necesita dos hombres más para su explotación. Gene y tú. Si hay por aquà algún rancho que te guste, lo compraré. Si la señorita Hammond se cansa del suyo y quiere venderlo, compraré éste para Gene. Si hay algún ferrocarril o algún pueblo que le guste a ella… suyo será en cuanto abra la boca. Si veo algo que me llame la atención a mÃ, lo compraré también, y ahora… tráeme a Gene. Estoy deseando verle, contarle lo que aún no sabe. Ve a buscarle, y aquà mismo, en esta casa, con mi mujer y la señorita Hammond por testigos, redactaremos la escritura de asociación. Ve a buscarlo, Bill; quiero que vea este oro y también cómo paga Danny Mains. La única gota de amargura que tiene hoy mi copa es que jamás podré pagar a Monty Price.
Magdalena estuvo a punto de decir a Danny Mains y a Stillwell que el cowboy a quien tanto deseaban ver habÃa abandonado el rancho, mas la llama de sincera lealtad que ardÃa en las pupilas de Danny Mains y la ventura que embellecÃa el rostro del viejo ganadero sellaron sus labios.