Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Con repentina violencia, un algo interior —la intrépida y nueva personalidad suya— se alzó en armas contra toda posible acusación de Gene Stewart. Su mente se apoderó de él y de su vida. Le vio ebrio, brutal, desatinado, perdido. Mas la desoladora imagen primitiva fue transformándose en la de un hombre muy distinto, débil, enfermo, alterado por una emoción, recuperando energÃas, modificándose espiritualmente, silencioso, solitario como un águila, taciturno, incansable, fiel y adicto, tierno como una mujer, y, sin embargo resistente como el hierro y, en el postrer momento, noble.
Se ablandó. En aquel estado complejo acabó por no pensar sino en la sinceridad, la belleza, la maravilla de la exaltación de Stewart. Humildemente se atrevió a creer que ella habÃa contribuÃdo a regenerarle, que aquella influencia era la más bienhechora que jamás habÃa ejercido. Hasta sobre su propio carácter habÃa actuado mágicamente. Por ella habÃa alcanzado un más elevado y más noble plano de confianza en el hombre. HabÃa recibido infinitamente más de lo que diera.