Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Grupos de soldados rebeldes saquearon ayer las moradas de los mormones establecidas en estas cercanías. Las familias mormonas han huido, refugiándose en El Paso. Aunque el general Salazar ordenó el fusilamiento inmediato de dos de sus solados por robo a los mormones, no ha hecho la menor tentativa para evitar que sus soldados saqueen los indefensos hogares americanos.
Anoche y hoy, numerosos trenes han pasado llenos de americanos de Pearson, Madera y otras localidades ajenas a las colonias mormonas. Continúan llegando sin cesar a El Paso fugitivos de Méjico. Anoche llegaron más de cien, en su mayoría hombres. Hasta el presente, por el contrario, habían sido escasos los hombres que abandonaban sus hogares.
Magdalena leía con febril preocupación. No era una guerra, sino una revuelta desesperada, famélica, incendiaria. ¡Cinco hombres fusilados por supuestas ofensas triviales! ¿Qué podía esperar entonces un prisionero federal, enemigo temible, cowboy americano, en las garras de los crueles rebeldes?
Magdalena soportó pacienzudamente la interminable espera, aferrada a su esperanza con irreductible voluntad.