Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —El señor Stewart… también lo sabÃa. Me dijo: «¿Es usted Majestad Hammond?».
—¡Al diablo con su impertinencia! —exclamó riéndose Alfredo—. Gene es un buen muchacho, pero hay que conocerle. Te diré lo que hizo. Se apoderó de uno de esos retratos tuyos que publican los periódicos…, el del Times, llevándoselo y negándose a devolverlo a pesar de los ruegos de Florencia. Era aquél en que aparecÃas vestida de amazona, con tu caballo premiado White Stockings, ¿recuerdas? Está hecho en Newport. Bien, Stewart clavó el retrato en la pared de su alojamiento y bautizó a su jamelgo Majesty. No hay un cowboy que no lo sepa. Y aunque cada vez que veÃan el retrato se burlaban de él lo indecible, Stewart no hizo el menor caso. Un dÃa fui a su casa y lo hallé reponiéndose de una juerga. Vi el retrato y le dije: «Si mi hermana supiese que eres un borracho empedernido no le harÃa mucha gracia que su retrato estuviese ahÃ, Gene». Te juro, Majestad, que estuvo un mes sin tocar una botella y cuando, más tarde, volvió a caer en la tentación, desclavó el retrato y no lo ha sacado nunca más a la luz.