Caravana de heroes
Caravana de heroes Satock saltó de la silla de su caballo. Era tan flexible y escurridizo como una anguila. Otra vez levantó la mano y dio el rifle a uno de sus compañeros. Se adelantó sin la menor vacilación; sus ojos ardientes y sombríos percibieron el cañón y la vigilancia de los carreros.
—Mí Satock. Mí, gran jefe. Mí, buen amigo. Mí, quiere azúcar.
—Que le dé alguno un poco de azúcar.
Couch se acercó al carro de provisiones más próximo, buscó un poco y extrajo un pequeño saco de azúcar que colocó en la mano extendida del jefe. Satock ni sonrió ni dio las gracias al recibirlo, sino que lo cogió bruscamente.
—Mí, quiere café —dijo Satock en el mismo tono. Couch trajo otro saco de café que fue igualmente entregado al salvaje.
—Mí, quiere tabaco —dijo Satock en el mismo tono. También esto fue dado al jefe, que lo tomó como si se le debiera.
Y ya no más, Satock —dijo Waters sin más contemplaciones—. Monta en tu caballo y vete.