Caravana de heroes
Caravana de heroes Clint se quedó tieso y frío contra la rueda del carro y su arma quedó apoyada contra uno de los rayos. Las palmas de las manos se le pusieron pegajosas con el sudor. Oyó cuchichear a su padre, pero no pudo distinguir lo que decía. Los Kiowas se acercaron más. Brillaban a la luz de la luna. A cada momento esperaba Clint oír su infernal aullido.
Pero sólo rompió el silencio el rugido estentóreo de Waters:
—¡Fuego!
Los ciento setenta y nueve rifles estallaron en una sola detonación. Pero a Clint se le había olvidado apuntar y disparar con el suyo.