Caravana de heroes
Caravana de heroes —Hola, Búfalo. Te he estado buscando por todas partes. ¿No te ha parecido magnÃfico? —Y se apoyó sobre el rifle a manera de los cazadores.
—¿El qué ha sido magnÃfico? —preguntó Clint, asombrado.
—El asalto de los indios.
—No me he enterado de que lo fuera.
—¡Cómo los hemos ahuyentado! Le he oÃdo decir al jefe que ha sido la mejor defensa en que él se ha encontrado en su vida.
—Sólo hemos tenido suerte —dijo Clint, pesimista.
—No todo ha sido suerte, Búfalo.
—Tom, si no hubiera sido por mi perro Jack, tu cabellera estarÃa ahora colgada de la silla de un Kiowa.
—No estoy tan seguro de eso. —Tom no comprendÃa la irritación del muchacho a quien admiraba.
—Yo sÃ.
Pero a Tom no era fácil hacerle callar en aquel momento.
—Apuesto a que tú te has cargado a uno —dijo con emocionado cuchicheo inclinándose hacia él.
—¿Un qué?
—Un Kiowa. Quizás al viejo Satock en persona. Eso sà que hubiera sido suerte; y luego serÃas más famoso que nunca.