Caravana de heroes
Caravana de heroes —¡Yo! ¿Famoso? —Clint estalló, pero la fe indestructible de Tom en su Ãdolo empezaba a modificar su humor.
—Y lo serás, si no mañana, el dÃa menos pensado. Seguro que has matado a un Kiowa.
—Seguro que no.
—¡Cómo no! El tÃo John dice que yo he matado a uno, y Jackson, el carrero que estaba a mi lado, también lo dice.
—¿Qué?
—Que creo que he derribado a mi primer piel roja —replicó Toro solemnemente—. Ha sido asÃ. Al lado de nuestro carro hay una hierba muy alta y un pequeño desnivel en la llanura. Yo tenÃa el rifle apoyado en la rueda y el dedo en el gatillo, cuando de repente aparecieron los indios muy cerca, como espectros. Uno se puso precisamente delante del cañón de mi rifle y cuando oà gritar al señor Waters apreté el gatillo antes que nadie en nuestro lado. Yo no pude ver lo que ocurrÃa, pero el tÃo y Jackson están seguros de haber visto caer redondo a mi indio.
—Choca esa mano —dijo Clint con emoción—. ¿Y no te asustaste?