Caravana de heroes
Caravana de heroes —Está decidido, pues —dijo Bell como aliviado de una carga—. Vamos ahora todos a mi campamento para que conozcan a mi mujer.
Por el camino a través de la arboleda, Clint y May se quedaron rezagados, y se acercaron el uno al otro. —Me gustan tu papá y tu mamá, y espero que a ti te gustarán los mÃos— dijo ella.
—Claro que sÃ…, ya me gustan.
—Se me olvidaba… ¿Cuántos años tienes tú?
—Voy a cumplir trece.
—¿Ya eres tan mayor? Yo sólo tengo diez. Pero a ti no te importa, ¿verdad?
—¿Importarme? ¿El qué?
—Que sea tan niña, tan pequeña.
—No; ya estás bien asÃ.
—¿Y me dejarás sentarme en el pescante contigo algunas veces, cuando vayas guiando?
—Claro que sÃ.
—¡Oh!, —palmoteó con deleite—. Y marcharemos siempre juntos. Ya no volveré a estar más sola y aburrida. Miraremos lejos, por encima de la hierba, ¿verdad?
—Supongo que no tendremos otra cosa que hacer más que mirar —repitió Clint con aire superior.
—Pero ¡oh! ¿Y cuando vengan los indios? ¿Vendrán?