Caravana de heroes
Caravana de heroes Luego la doble caravana continuó hasta Pawnee Rock, Ash Creek y Pawnee Forks, y al cabo de seis días acampaban juntas, por última vez, en el Paso del Cimarrón. Fue un campamento triste. Ciento setenta hombres que habían trabajado, acampado y luchado juntos durante meses, que habían hecho un éxito de cada viaje, encontraban que la separación era algo deplorable. Se acostaron tarde aquella noche. A la mañana siguiente se levantaron con el día, pero debido a las repetidas despedidas y apretones de manos, el sol salió y aun estaban juntas las caravanas.
Waters apretó la mano de Clint y le dijo:
—Búfalo, no me parece bien que nos dejes marchar a arreglarnos como podamos sin ti y sin Jack.
—Pero, señor Waters, ustedes tienen el cañón —replicó Clint significativamente.
—Buena suerte, muchacho. Tienes una cabeza sobre los hombros y algún día serás un gran hombre.
Y así se separaron las caravanas, tomando Waters el camino seco hacia Santa Fe, y Couch el de Fort Wise. Por muchas millas y muchas horas, el ojo agudo de Clint distinguió el largo tren de carros moviéndose por la llanura. Pensó que el mayor inconveniente de aquella vida era el constante adiós a bellos e interesantes lugares, a amigos, camaradas y personas queridas.