Caravana de heroes
Caravana de heroes Al acampar una noche al cabo de ocho dÃas de marcha sin haber visto indios, sólo cuatro hombres quedaron de centinela.
—Todo está tranquilo —anunció Couch—. Podemos dormir confiados.
A altas horas de aquella noche, Clint se despertó al sentir que le tiraban de las mantas. Se incorporó. Era Jack el que lo hacÃa, gruñendo además. Al moverse Clint, se despertó su padre.
—¿Qué pasa, Clint?
—Jack vuelve a dar señales de alarma. MÃrale y escucha —murmuró Clint.
Observaron al perro. Cesó de gruñir y de tirar de las mantas, pero el más lerdo hubiera visto que deseaba que salieran con él de la tienda.
—Indios, apostarÃa —murmuró Belmet—. Nunca se puede vivir confiado en esta pradera. Coge el arma, Clint. Salieron descalzos y con las armas en la mano. La noche era clara y estrellada, muy tranquila, y hasta el aire parecÃa estar cargado de misterio. Siguieron al perro.
Los cuatro centinelas estaban dormidos al lado de la extinguida hoguera.
—No los despiertes —murmuró Belmet con tono dolido—. Deja que lo haga Couch.