Caravana de heroes
Caravana de heroes Jack los condujo al extremo más lejano del corral formado por los carros, a un cuarto de milla largo de la hoguera. Allí meneó la cola como diciendo: aquí es.
Belmet indicó a su hijo que se estuviese quieto y se arrodilló para contener al perro. Clint oyó un ligero ruido en la parte de fuera del carro. Parecía como si rasgasen la lona. Miró el blanco toldo, que apenas se distinguía en la oscuridad, y le pareció ver que se levantaba un poco. Belmet, evidentemente, vio y oyó lo mismo, pues hizo retroceder con cautela cien pasos a Clint y al perro. Luego aplicó los labios al oído de su hijo:
Ve, despierta a Couch y dile lo que pasa. Despierta a la gente y diles que vengan aquí, pero sin ruido. No le cuentes a Couch que se han dormido los guardias porque los fusilaría. Corre. Yo vigilaré.
Clint corrió a despachar su misión. El formidable Couch, despertó en seguida. Clint le dijo dónde tenía que ir a encontrar a su padre y luego despertó a los guardias. En menos de diez minutos, Clint había reunido a todo el mundo alrededor de su padre. Celebraron una conferencia en voz baja. Couch no creía que hubiera indios por los alrededores, pero dijo que procederían como si los hubiese. Envió en diferentes direcciones tres partidas de exploradores de diez hombres cada una. Couch, Belmet, Clint y los demás se tendieron a esperar en la hierba.