Caravana de heroes
Caravana de heroes —Eso me recuerda… —decÃa Jim Baker moviendo su lanuda cabeza—. Creo que era el cincuenta y dos… ¿no era entonces, Kit, cuando Hatcher estaba aquà de agente? Taos era en aquella época el mejor fuerte de la frontera. Cinco compañÃas de soldados mandadas por el comandante Greer. Allà estaba también mi antiguo socio Denver. Hatcher vino un dÃa al fuerte y le dijo a Creer que habÃa visto a quince jóvenes guerreros con las pinturas y las plumas de guerra y que estaba seguro de que preparaban alguna fechorÃa. Creer nos envió a Denver y a mà para que nos informásemos.
»Tomamos comida para cinco dÃas, bastantes municiones y nos pusimos en marcha. Se dirigÃan hacia el Sur a buena marcha, a la hacienda del único granjero blanco que habÃa cerca y que vivÃa a cincuenta millas o más, en la ribera del rÃo Rojo. Se llamaba Lya Bank. ¿Recuerdas, Kit? Le llamábamos el viejo Lya, aquà en Taos. Estaba casado al estilo indio con una Kiowa, pero era un buen amigo de todos los blancos del valle. Seguimos el rastro de aquella cuadrilla y cuando llegábamos cerca de casa de Lya vimos humo. Pensamos que era el campamento de los indios, pero cuando llegamos cerca vimos que era demasiado humo. Los indios no queman nunca mucha madera.