Caravana de heroes
Caravana de heroes »El fuego era en la casa del viejo Lya. Escondimos nuestros caballos y seguimos acercándonos. La casa y el cobertizo estaban ardiendo. No habÃa indios a la vista y nos acercamos. Encontramos los restos quemados de dos personas, pero no pudimos identificarlas. Supusimos que una de ellas era el pobre Lya.
»Tomamos otra vez el rastro de los indios y a última hora de aquel dÃa vimos humo que salÃa de un bosquecillo. Nos aproximamos arrastrándonos y pronto vimos a los diablos rojos que estaban cenando. Los observamos un rato y luego volvimos a nuestros caballos.
»—Denver, esos indios están en pie de guerra —dije—. Ahora bajarán por el rÃo a asesinar a otros colonos. ¿Qué vamos a hacer?
»—Bien —dijo Denver—. No asesinarán a nadie más».
—Ya dije que estaba de acuerdo con él, pero que ¿cómo obrarÃamos nosotros para que no asesinaran a nadie más?
—Los mataremos a todos —dijo Denver—. Podemos hacerlo.
Segura —asent×. Pero ¿cómo?
—Esperaremos hasta medianoche y luego iremos a su campo arrastrándonos. Tenemos cada uno dos revólveres, que son veinte tiros. Los dos podemos tirar con las dos manos y podemos irlos matando a medida que se levanten.