Caravana de heroes
Caravana de heroes Estaban en su tercer dÃa de viaje y ya la pradera se los habÃa tragado. Por todos lados la monótona llanura. Halcones de cola roja volaban sobre la hierba mirando hacia abajo; en algunas lomas sonaba el agudo relincho de los caballos salvajes; en los puntos desnudos se veÃan algunos pequeños perros de las praderas, sentados, inmóviles, cerca de sus cuevas, viendo pasar la caravana; los lobos corrÃan a ocultarse en la hierba; los conejos parecÃan tan numerosos como las matas.
Hacia el centro de aquella caravana, Clint Belmet se sentaba orgulloso en el pescante del carro cubierto de su padre, con las riendas y el látigo en la mano. Su madre le habÃa cedido a él la conducción. Ella no se encontraba bien y descansaba al abrigo del toldo. A los doce años de edad se le daba a Clint el trabajo de un hombre. El primer dÃa su padre le habÃa vigilado estrechamente desde detrás, lo mismo que Sam Bell desde delante. Pero su preocupación disminuyó poco a poco.