Caravana de heroes
Caravana de heroes El dÃa 19 de noviembre asentaron el campamento en un lugar privilegiado. Grandes locas de veinte pies o más de altura los rodeaban, de en medio de ellas brotaba un manantial. La madera era abundante, pero la hierba habÃa sido ya consumida en un radio de una milla o más alrededor del campo. No les parecÃa bien a los viajeros llevar su ganado a pastar tan lejos, pero como no tenÃan alternativa, hubieron de enviar a los animales guardados por veinte hombres, para volverlos a encerrar antes del anochecer:
Las nubes oscurecÃan en occidente la puesta del sol, pero de entre ellas salÃa una luz dorada que pintaba la pradera. El aire era tranquilo y cálido. La paz y la quietud parecÃan reinar sobre las llanuras. Aquà y allá, alrededor de las humeantes hogueras, los cerreros cantaban y silbaban durante sus tareas.
Clint pelaba patatas, un trabajo que parecÃa tener asignado a perpetuidad y que él odiaba.
—Creo que he pelado ya nueve millones de patatas para esta maldita caravana —protestaba.
De pronto Jack se acercó a él corriendo, con el pelo erizado y los ojos brillantes. Ladró y se alejó para volver en seguida.
—¿Qué te pasa? —le dijo Clint, y el perro repitió la operación. Clint se inquietó al momento. HabÃa una cosa que odiaba aún más que pelar patatas.