Caravana de heroes
Caravana de heroes Naturalmente, la llegada de la primera carga de aquella primavera despertó extraordinario interés. La gente se agrupó alrededor de Dagget, que hablaba solo mientras los demás escuchaban con creciente atención.
El Norte y el Sur estaban en guerra. Lo que había parecido certeza era ya realidad. La Unión luchaba por su existencia, los soldado eran escasísimos y no podía destinarse ninguno a escolta de las caravanas que cruzaban las llanuras. Los acarreadores serían difíciles de contratar a Kansas y Nebraska para reforzar los fuertes. El comandante de la Unión en el fuerte Leavenworth, general Hunter, había pedido voluntarios a todos los Estados y territorios leales.
—¡Bien, por Dios! —exclamó Maxwell con los ojos como dos relámpagos—. ¿Sumter ha disparado y ya tenemos la guerra? ¡Nuevo Méjico se separara de la Unión!… Ocurrirán muchas cosas aquí en esta frontera. Tengo que ver a Kit Carson.
—Creo que los mejicanos que hay no serán convenientes en esta situación —dijo Dagget.
—No, en efecto —contestó Maxwell con decisión—. Yo puedo responder de los míos, pero hay mejicanos en Taos y en Fort Union que suministrarán armas y municiones a los indios, prometiéndoles cabelleras y pillaje.