Caravana de heroes
Caravana de heroes Nube Volante tenía una magnífica presencia, pero no era hermoso. Su cabeza tenía la forma de la de un halcón. Ninguna prueba se había podido acumular sobre este jefe, mas corrían rumores de que había exterminado a más de una caravana. Pero se sabía que nunca atacaría a ninguna de las caravanas de Maxwell. Clint, mirando la línea de caras delgadas y feroces, pensaba que valía la pena sentarse a aquella mesa.
Durante esta época de activo comercio, tres Compañías de soldados patrullaban el valle de San Fernando, entre Taos y el rancho Maxwell. Allí vivían, por lo menos en esta estación, diez conocidos individuos que habían tomado mujeres indias por esposa, a la manera india. Estos blancos renegados hacían aguardiente y se lo vendían a los indios. Los soldados venían para impedir este comercio ilícito, pero no tuvieron mucho éxito.
Otra de las muchas virtudes del coronel Maxwell era que nunca le vendía ni una gota de licor a un indio ni invitaba jamás a beber, y si un blanco, bajo la influencia del alcohol, aparecía por alguna parte del rancho, era prontamente expulsado.
Fue precisamente después de la comida del día 16 de mayo cuando llegó la primera caravana del Este. Clint estaba delante cuando el jefe, Dagget, vino a presentarse a Maxwell. Tenía el aspecto típico de un llanero, macizo, barbado, bronceado y curtido, polvoriento y oliendo a caballos.