Caravana de heroes
Caravana de heroes May correspondió a su saludo. Era una prueba para ella, pero veÃa que aquel indio era un amigo de Maxwell y, sin duda, digno de respeto.
—¿Padre y madre muertos? —preguntó él.
—SÃ.
—¿Cuántos años tú? —Dieciséis.
—¿Tú casada?
—¡Oh! No —replicó May, sacada por sorpresa de— su reserva.
—Hombre blanco, muy despacio. ¿Te gusta casarte gran jefe?
Maxwell inició la carcajada. La cara seria de Lobo Solitario no cambió, pero se veÃa claro que él también tenÃa cierto sentido humorista.
—¿Se me está usted declarando, Lobo Solitario? —preguntó May sonriendo llenó de confusión.
—Mà gusta mujer blanca.
—Gracias, pero tengo que decir que no.
—El jefe soltó su mano, habló con Maxwell en su lengua y luego pasó pisando lentamente con sus mocasines.
—Por fin se te ofrece un partido, May —dijo alegremente la señora Clement.
—Desde luego, ¿no hablarÃa en serio, señor Maxwell? —inquirió riendo May.