Caravana de heroes
Caravana de heroes —Quisiera poderte decir lo que sentÃa. Estaba mirando a lo lejos, hacÃa la inmensidad azul de las Grandes Llanuras, y me parecÃa que todos los trabajos, las ansias, los temores, el martirio del sol y del frÃo, la mordedura de las flechas de los indios, la agonÃa de mis desgracias, todo eso estalló con el dolor de lo que estaba ocurriendo… Fue entonces, May, cuando descubrà que te amaba.
—¡Oh! ¡Clint! ¡Búfalo! —murmuró alzando la cara. La luz de la luna la mostró extasiada y adorable, los ojos como la noche.
—Te amo, May, y este sentimiento es muy diferente del terrible dolor que sentÃa al cenar.
Con la mano izquierda se quitó una cadenilla del cuello; de ella colgaba una cosa brillante.
—¡Un anillo!
—Es todo lo que tengo de mi madre. Mi padre se lo dio cuando era joven… Después era demasiado pequeño para ella. Pero a ti te servirá. Veamos.
Ella tendió una mano pequeña que temblaba y él trató de deslizar el anillo en un dedo.
—No, en ése no… En el tercero… ¡Oh! Entra bien. Lo conservaré toda la vida, Clint.
Quedaron por algún tiempo silenciosos. Ella, recostada ahora contra su pecho, la cabeza contra su mejilla, el pelo rozando sus labios.