Caravana de heroes
Caravana de heroes Clint estaba el primero en la multitud que dio la bienvenida a la caravana de Nelson. Los carros llenaron toda la gran plaza donde estaba el almacén de Aull y Compañía. Clint se mezcló con los alegres y sudorosos carrerros, cambiando una palabra aquí y allá con ellos. Hablaba un lenguaje que ellos comprendían. La caravana de Nelson había sido atacada dos veces. ¡Sin pérdidas! En Point of Rocks, cincuenta jinetes habían puesto en fuga a una banda de Pawnees que atacaban a los restos de un tren de emigrantes. Pawnees, Comanches y Apaches habían salido en pie de guerra de sus campos de invierno y estaban más, feroces que nunca. Y una nueva amenaza había surgido en las llanuras del Oeste. Criminales, desertores de ambos ejércitos, bandidos y ladrones mejicanos eran ahora tan de temer como los mismos indios. Una pequeña caravana podría escaparse, pero sólo tenía una probabilidad contra ciento. Si estos dos enemigos de los viajes se corrían hacia el Este hasta Council Grove, las líneas de diligencias tendrían que cesar en sus recorridos.
Aquella noche, en el almacén de Aull y Compañía, donde Clint era conocido, se encontró con el rubio y gigantesco Nelson, jefe de la primera caravana.
—¡Hola! ¿Conque es usted Búfalo Belmet? Ya he oído hablar de usted. Me alegro de estrechar su mano.
—¿Conoce usted a mi tío Jim Couch? —preguntó Clint con ansiedad.