Caravana de heroes
Caravana de heroes De súbito pasó por su mente el recuerdo de Murdock, y con él la memoria excitante de las dos insultantes bofetadas que Murdock le había dado y del puñetazo que él le había devuelto. A continuación pasaron por su cabeza los varios informes que había recibido de Murdock y, por último, lo que Wright añadiera a ellos. Clint podía imaginarse cómo Murdock, fracasado en su intento de ganar a May, la había molestado. No se detendría ante nada para conseguir sus propósitos, ya fuera el matrimonio u otra cualquier cosa. Hall Clement le pegó por algo.
—Mataré a Murdock —decidió de repente. Y luego sintió recrudecerse la misma extraña y fría ferocidad que sintiera un momento antes de pegarle aquel puñetazo. La mortal resolución dio a Clint motivos para pensar. Se debía preparar para el inevitable encuentro con el tejano; y a este fin empezó a practicar con el revólver. Ya era el mejor tirador de revólver de la caravana de Couch. Con el rifle no estaba por encima del término medio, pero tenía el ojo rápido y el dedo sensible, el tino necesario para la precisión en los tiros. Mientras duró el buen tiempo, Clint se dedicó a la caza, más con la intención de ejercitarse con el revólver que por cobrar piezas. Después salía sobre la nieve a tirar al blanco.