Caravana de heroes
Caravana de heroes —No importa quién. Ya tenemos el aviso. ¿Qué hacemos?
—¡Seguir! No podemos detenernos. Ni por todos tos indios y rebeldes del mundo.
—Yo no he pensado en detenernos. Pero podrÃamos hacer algún plan.
—Pidámosle una escolta al coronel. Se va a caer sentado, pero probemos.
—Muy bien. Pero déjeme usted hablar a mÃ.
Pronto los recibió el coronel Bailey, casi nuevo en el extremo Oeste. Escuchó frÃamente a Clint, fumando un cigarrillo, y luego dijo riendo.
—¿Pero qué es lo que les pasa a ustedes, los viejos exploradores? SerÃa más propio que yo les pidiese que escoltasen a algunos de mis soldados.
—Bien, coronel, pensando, en ello, quizá tenga usted razón —dijo Hatcher cuando salÃan.
Fuera, se puso a maldecir. Clint guardó silencio. Algunos de los oficiales del ejército eran una rémora para las caravanas.
—¿Qué hacemos? —preguntó Hatcher—. ¿No hacer casa de este aviso? Yo he tenido algunos que no resultaron ciertos.