Caravana de heroes
Caravana de heroes Al amanecer salieron las caravanas de Fort Lamed, lo mismo que un viaje ordinario. Hicieron dieciocho millas, durante las cuales Clint se puso con frecuencia de pie en el pescante para otear la llanura, especialmente hacia atrás, con el anteojo de Couch, que siempre llevaba. Vio búfalos, pero no indios.
Después de cenar reunió Clint a sus hombres en un solo grupo y sin denunciar el origen de sus noticias les dio a conocer la extraordinaria amenaza que pesaba sobre aquel particular viaje.
—Todos recordáis —concluyó— el carro de rifles y municiones que yo compré en Kansas City el otoño pasado para comerciar con los cazadores en Fort Lamed. Recogà lo que quedó, unos sesenta rifles y cinco mil cartuchos. Están en el carro blanco, inmediatamente detrás del mÃo. Quiero que cada uno de vosotros tenga un rifle de repuesto y municiones, y que lo tengáis a mano dÃa y noche.
—Búfalo, podemos tener un buen combate, pero no nos pueden vencer —dijo Henry Wells, el veterano más viejo de entre ellos. Otros viejos llaneros expresaron la confianza que tenÃan en su número y equipo. El artillero Ireland juró que su cañón valÃa por cien hombres.