Caravana de heroes
Caravana de heroes Un brillante dÃa de junio de 1856, el conductor de un carromato cubierto se detuvo en las afueras de Independence, Missouri. HabÃa viajado durante toda la primavera con su mujer y su hijo para alcanzar aquel puesto fronterizo. Estaban cansados y necesitaban reposo antes de emprender el largo viaje hacia el Oeste. Escogió para acampar un lugar sombreado en un bosquecillo por el que corrÃa un arroyo profundo y tranquilo entre bancales de hierba.
Este recio y maduro carrero[1] respondÃa al nombre de Jim Belmet. ProcedÃa de Illinois y, como muchos de su clase, era de cepa aventurera. El Oeste le atraÃa, irresistible.
A lo largo de la corriente habÃa otros campamentos. Rizadas columnas de humo azul ascendÃan hacia el cielo. El golpear del hacha sobre la dura madera retumbaba por el bosque. Carros cubiertos avanzaban por el polvorienta camino hacia el puesto.
—Mary, ¿qué necesitas de la ciudad? —preguntó Jim al acabar las necesarias labores del campamento.
Su esposa, una mujer robusta y de agradable presencia, trabajaba en aquel momento cerca del fuego.
—Jamón o tocino. Pan o harina. Café y azúcar —respondió.
—¡Eh! ¡Clint! —llamó a su hijo—. ¿Quieres venir a la ciudad conmigo?
