Caravana de heroes
Caravana de heroes —No —rehusó el muchacho, un rubio rapaz de doce años. TenÃa una cara pecosa, ojos grises, claros y serenos y unas maneras atentas y tranquilas, impropias de su edad. Estaba descalzo y en aquel momento pulÃa una delgada vara de sauce.
—¿Prefieres pescar? —preguntó el padre.
—Claro.
Jira se volvió a su mujer con su cara curtida iluminada por una chispa de buen humor.
—¿Qué te parece este chico? Hemos estado meses viajando; por fin llegamos a Independence, que debiera ser para él como un circo, y prefiere irse a pescar.
—Clint se parece a mi padre, que era un gran pescador y cazador —dijo la madre—. Considerando el sitio adonde vamos, no deja de ser conveniente.
Y dejaron a Clint entregado a su propia inventiva. Evidentemente sabÃa lo que traÃa entre manos, pues pronto tuvo lista su caña de pescar. A continuación escarbó en la húmeda tierra cerca del agua, donde halló lombrices para cebo.
—¿Te gustarÃa tener pescado para cenar, madre?
—SÃ, hijo mÃo, pero no creo que haya peces en ese arroyo.
