Caravana de heroes
Caravana de heroes —Ya lo verás. —Y Clint se aleló bajo los umbrosos árboles por la orilla del silencioso cauce. No anduvo desacertado en su cálculo. Pocos habÃan sido los viajeros que no fueran de la misma opinión que su madre, pues Clint halló pocas señales de que nadie hubiera pescado en aquel riachuelo. De cada agujero sacó un grueso y dorado pez rueda o un rebelde barbo.
Al aproximarse al cercano campamento vio a una niña sentada en la ribera. TenÃa un bonito y rizado cabello castaño. La cabeza se inclinaba sobre su regazo, lleno de trébol. Clint era tÃmido con las muchachas. Su primer impulso fue volverse por donde habÃa venido, pero el deseo de pescar fue más fuerte y siguió adelante.
Ocurrió que el agujero que la niña tenÃa bajo sus pies era el mejor que Clint hallara. Allà cogió el más grande de los peces rueda. Luego, uno después de otro, capturó siete más. Y ya el cebo empezó a escasear. Más allá vio que los caballos habÃan entrado en el agua, estropeando la pesca. Ensartó el pescado en una vara de fresno ahorquillada.
—¡Qué bien va eso! —dijo la niña con timidez. Clint respondió cortésmente. ParecÃa más joven que él y esto mitigaba su embarazo.
—No he visto nunca a nadie que cogiese tantos peces como tú —exclamó con admiración.
