Caravana de heroes
Caravana de heroes Clint no se dio cuenta de ello, pero éstas eran probablemente las únicas palabras que podÃan haberle detenido. Más aún, le hicieron mirarla. Sus ojos eran oscuros y brillantes. Desconcertaba mirar en ellos; pero también tenÃan algo que le obligaba a hacerlo.
—¿Yo? No será tanto —replicó, y con la súbita conciencia de que estaba contorciendo desgarbadamente su cuerpo, se sentó en la hierba. Extraordinario era también su poco deseo de marcharse.
—SÃ, sà —continuó ella, asombrada y seria—. He oÃdo decir a mi padre que no habÃa ningún pez en este rÃo.
—Pues los hay, pero no es un rÃo… ¿Te gusta el pescado?
—¿Comerlo? SÃ, mucho. Ya estoy cansada de tanto tocino.
—Muy bien. Te limpiaré un par de estos peces rueda —ofreció Clint, y bajando al lado del agua sacó su cuchillo y limpió lo mejor que supo los dos más grandes de sus peces. Los ensartó en una horquilla de sauce y volvió a subir a la orilla. Ella se habÃa puesto a gatas para observarle y su mirada despertaba en él algo extraño.
