Caravana de heroes
Caravana de heroes Los Kiowas empezaron a alejarse hacia la derecha y hacia la izquierda. Los primeros no dieron vueltas ni hicieron gallardÃas en sus caballos. Toda la banda se extendÃa en una larga lÃnea. Esto no era el cÃrculo habitual, alrededor de la caravana, de todos los salvajes de las praderas. Aumentó la ansiedad y la perplejidad de Clint. Los jinetes continuaron extendiéndose hasta que la lÃnea se perdió de vista por el Este. Los que se dirigÃan hacia la izquierda cabalgaban en grupos de dos y de tres, hasta que la lÃnea por aquel lado estuvo casi al mismo nivel que el acantilado.
—Di algo, Búfalo —exclamó Henry Wells sabiendo que aquel silencio era de mal augurio.
—¡Conque ése es tu juego, Lee Murdock! —dijo Clint rechinando los clientes.
Luego bajó de un salto.
—Jackson, corre —ordenó—. Y diles a todos que los Kiowas están enloquecidos por la bebida. Que el plan de Murdock es entrar por asalto.
—¡Maldito mestizo! —rugió Andy Morgan.
El negro se alejó y su voz profunda sonó entre los carros.
—Bent ha calculado bien —dijo Clint—. En un combate a corta distancia no podemos emplear el cañón. Pero no sabe que tenemos dos rifles para cada hombre y un carro de municiones.