Caravana de heroes
Caravana de heroes Hallaron a Copsy muerto debajo del cañón y a Ireland atravesado sobre la cureña, con la mecha apretada en su mano rígida. Henry Wells y otros dos estaban sin vida en medio de un círculo de Kiowas muertos. Jim Hatcher estaba debajo de un carro, tieso y frío. Había sido uno de los primeros en morir. Clint le cerró los abiertos ojos y cumplió la promesa que hiciera al viajero llanera. El cinturón de oro que Hatcher le había dicho que tomase era grueso y pesado. Años de ahorro, ¡para qué!
Montones de muertos y heridos por todos lados. Los heridos eran siempre indios. Una vez descubiertos, su último momento era breve.
Andy Morgan y Stevens, que caminaban un poco adelantados, sacaron a un indio de debajo de un carro.
—Ahora me toca a mí, Stevens —dijo irónicamente Andy levantando lentamente su rifle.
El indio tenía el cuerpo oscuro. ¡No rojo! Sólo era rojo por donde un torrente de sangre salía de una herida que tenía en el pecho. Sus ojos eran de tremenda penetración, pero no negros. En la cara tenía una terrible cicatriz.
—¡Alto, Andy! —exclamó Clint saltando a tiempo de detener el rifle.
—¡Belmet! —dijo el hombre débilmente.
—Sí, yo soy Belmet —replicó Clint cayendo sobre una rodilla.