Caravana de heroes
Caravana de heroes A la mañana siguiente, temprano, la caravana volvió a emprender su camino, con orden de mantenerse juntos y vigilantes. Algunas veces, hábiles indios esperaban emboscados a una caravana y atacaban por el centro causando pérdidas de vidas y mercancías, antes de que la escolta montada, que por lo general cabalgaba delante y detrás, pudiera llegar al lugar de la lucha. Especialmente los Comanches, maravillosos jinetes, atacaban con la rapidez de un ciclón y desaparecían. Ninguna señal de indios, sin embargo, entorpeció el viaje.
Con disgusto de Clint, la caravana pasó por en media de Council Grove, y sólo algunos de los carros, los últimos de la línea, se detuvieron unos pocos momentos. Siguieron hasta el Fuerte Zarah, al lado del río Walnut, donde fueron necesarios dos días para descargar las mercancías destinadas a aquel lugar.
—¿Viste a los Bell cuando pasamos por en medio de Council Grave, padre? —preguntó Clint en la primera oportunidad que se le ofreció.
—No, hijo mío, no los vi —contestó su padre alejándose.
Clint estaba muy ocupado en aquel momento, pero cuando más tarde pensó en ello se le antojó que su padre había estado extraordinariamente brusco y conciso, y aprovechó el primer momento que se le ofreció para acercarse a él:
—¿Hablaste con alguien en Council Grove?