Caravana de heroes
Caravana de heroes Curtis le presentó a Jim Baker y a John Smith, dos tipos famosos de la frontera. HabÃan llegado a ella hacÃa veinticinco años, lo cual querÃa decir que aquellos aventureros fueron de los primeros en cruzar las praderas. Clint no habÃa visto nunca dos hombres tan rudos, sucios, grasientos y de aspecto tan poco recomendable como aquéllos. A no haber sido por sus barbas y su alegre y profana conversación, no los hubiera podido distinguir de los indios. Baker estaba casado a la usanza india con una mujer Cheyenne, según dijo Curtis, y Smith tenÃa por esposa a una muchacha Comanche, bien parecida y que hablaba un poco el inglés. La repulsión que Clint sentÃa hacia todo lo que se relacionaba con la tribu Comanche no se extendÃa, al parecer, a ella. Le pareció agradable y más interesante que su renombrado marido. Smith habÃa hecho mucho dinero comprándoles pieles a los indios y vendiéndolas a los blancos.
—Oye, Clint, hay algunas jornadas cortas cuando el camino empieza a subir por las colinas —dijo Curtis—; lo cual quiere decir que acamparemos temprano. ¿Te gusta la caza?
—SÃ, pero la pesca me gusta más.
—A mà también, pero alguna vez hace falta carne fresca. ¿Tienes un rifle?
—SÃ, un rifle viejo de búfalo.