Código del oeste
Código del oeste El sol estaba próximo a descender tras la escarpada cadena de montañas que se erguían en el Oeste; la luz tenía un tinte rosa-dorado, por demás apacible y grato; se acercaba el momento más placentero de todo el día. Cal conducía despacio, cuesta arriba, por un largo tramo del camino que serpenteaba por la falda de un cerro. De cuando en cuando tenía oportunidad de echar un vistazo al paisaje. El espectáculo del cielo y el pintoresco panorama de las colinas eran en realidad espléndidos. A él se le antojaba que valles, colinas, el azul del cielo, el sonrosado dosel de nubes y los dorados fulgores del sol poniente se habían unido en maravilloso conjunto para desplegar ante la bella visitante toda la magnificencia de la gloria del Tonto.