Código del oeste
Código del oeste —¿Qué pensará Georgiana de este rancho? —se preguntaba la señorita Stockwell a sí misma, mientras salía a poner en obra su propósito.
La vieja casa, hecha en parte de troncos y en parte con tablas, cubierta de musgo y maltratada por el tiempo y la intemperie, con sus toscas adiciones sombreadas por los árboles, había llegado a parecerle a la buena maestra una morada pintoresca y agradable. Pero al principio se le presentó (como todo lo demás de allí) con su verdadero aspecto: rústica, primitiva, de acuerdo con la vida dura y simple de los primeros colonizadores de la agreste comarca.